Optimismo en la batalla

valencia ganar ganar y ganar

Insuflados de alegría por el comienzo de lo que todos los años comienza, dejando a un lado el fariseo falleril que atormenta -y no ceja- por las afueras, llega la segunda gran batalla de la campaña –tras Sevilla-, esta vez en feudo propio y ante el vigente vencedor de la competición ad infinitum, un vencedor que se antoja menos campeón al haber perdido en el proceso a dos de sus piezas claves: Courtois y Diego Costa. Sin ir más lejos, los valencianistas recordarán que si no llega a ser por los citados –y la inexorable colaboración de Guaita-, las puntuaciones obtenidas hubieran diferido en tiempos pretéritos. Con mejor equipo uno, a lo que debemos adicionar el hambre de gloria, y peor el otro, todo parece indicar que será un duelo de frenesí e intensidad, con destellos dionisíacos, por lo que el aficionado no podrá dejar de notar un escalofrío a través de la espina dorsal, y quién sabe si incluso una estimulación de órganos genitales.

Se enfrentan dos entes que supuestamente se encuentran más confortables organizando el juego propio sin posesión de pelota aunque con dominio del espacio, a pesar de poseer notorias reinas para la elaboración. Por lo dicho, no debiera extrañar que se asemejara a una partida de ajedrez donde el lacónico Luzhin se enfrente a su peor pesadilla: su propia vida. Porque en este duelo aparte de la metodología y asimilación táctica será primordial dominar aspectos más lejanos a la teoría del juego como los emocionales o sociales. Afortunadamente, Espírito Santo, además de unas privilegiadas capacidades tácticas así como una inherente rapidez mental para leer el juego, parece disponer de armas que ayudarán a decantar la balanza en su beneficio. Ya se encargó de animar a la afición a asistir al estadio, quiere lleve a la nave che en volandas, que a pesar de los excesivos precios de las entradas, implosionará de gente. Ha insistido en frases motivacionales de grandes del deporte, no obstante quedándose quien escribe con la de “Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.” de una novela de Beckett, si bien es cierto que la reiteración en la palabra fracaso conlleva como mínimo interpretaciones bidireccionales.

No se prevén muchas sorpresas en el frente valencianista, aunque puede que sí veamos, al menos durante períodos, querer más la pelota de lo que hasta el momento ha querido intimar con ella desde el inicio. Y es que el che no busca una relación larga y mojigata con el balón, prefiere el aquítepilloaquítemato; puede que sea hora de practicar los buenos modales católicos a la espera de encontrar, simplemente para engañar, a la espera de encontrar, a la femme fatale que haga claudicar la razón y cometer las mayores locuras. El Atlético, pese a la pérdida de sus piedras filosofales, ha realizado un trabajo de alquimista transformando el oro a partir de oro, o plata (¿quién sabe?); el caso es que ha fichado mucho y con calidad aunque no tan diferencial; y también ha sido capaz de mantener tornillos importantes encabezados por los dioses Miranda, Koke y Arda. Preocupará, como en años anteriores, su capacidad para producir peligro a partir de golpes francos, su presumible defensa cerrada y postrero contra-acción, y una nueva, la conexión Moyà-atacantes –por su pasado valencianista, cualquier aficionado de pro recordará las excelentes condiciones del cancerbero mallorquín con pies-. Habrá de tenerse en cuenta que los madrileños han jugado entre semana y no descartar el agotamiento físico súbito. En ese momento una galopada de Feghouli será inseminada por el killer, clon híbrido de Torpedo y Kluivert.

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