Guzmán somos (casi) todos

guzmán
Aquella lluviosa mañana de Noviembre, Guzmán se levantó con una sensación de certeza absoluta muy extraña. Era una convicción completa y majestuosa, casi mística. Lo tenia clarísimo: “Sólo me fío de mi polla. Es la única que tengo claro que jamás me dará por el culo”.

La tarde de antes, como todos los Viernes, había salido un rato con los colegas a echarse unas birras. La cita ineludible con los 3 amigos de toda la vida. Y con las birras.

La cita en la que se olvidan momentáneamente las penas, mientras las mujeres, las coñas del wassap, el fútbol y las medidas políticas para sacar al país del desastre (tan propias de la clarividencia mental que produce el alcohol), eran el todo. Las charlas que fomentan la amistad y a su vez, solo pueden ser producto de la misma.

No obstante esa tarde, curiosamente, la conversación fue monotemática. Y reveladora.

Empezando con una noticia de actualidad, basada en la lesión del capitán del equipo y lo mucho que se notó su ausencia el Domingo anterior, acabaron recordando lo cruel que siempre ha sido el destino y lo perverso que es el stablishment futbolístico patrio, tan pútrido e infecto como casi todo lo reglado administrativamente en este país. Y pasaron por las alegrías, penas y sinsabores que todo el que lleva en su corazón a este equipo, ha vivido y sentido.

Recordaron que sólo un equipo en la historia del fútbol, ha visto como le señalaban dos penaltys en contra en una final de Champions League. Ningún aficionado de ningún otro equipo europeo sabe qué es eso. Y aquello ocurrió justo el año después de perder esa misma final con un rival nacional que ni se atrevía a pronunciar. ¡Con lo que tuvo que ahorrar y lo que le costó convencer a su mujer, para estar con el equipo en aquellas ocasiones!

Debatieron sobre los oscuros motivos por los que, veintipico años atrás, una impresentable e indecente Ley obligó a que todos los equipos, menos los elegidos (y los que colateralmente entraron en los parámetros falaces bajo los que se quería excluir a los elegidos) pasaran a ser S.A.D y quedar al albur de los repartos accionariales, los mejunjes políticos y los empresarios caprichosos (o directamente blanqueadores de dinero). A aquello no había derecho ni hubo vergüenza.

Intensamente sonrieron, cómplices, por las múltiples veces que, cenando, tuvieron que arriesgar el tipo ante la parienta con el fin de mirar furtívamente el móvil, para ver cómo iba su equipo. ¡Jugándose el pellejo y el dormir en el sofá esa noche! Y todo para enterarse momentos después que habían perdido porque el chulo del silbato había pitado una mano que nadie vió (ni siquiera él mismo), pero que daba un resultado que beneficiaba a algunos.

Se acordaron de las patadas y puñetazos de más de un jugador blanco o blaugrana, que nunca fueron tan castigadas como un semicodazo tonto del último argentino de su equipo.

Largamente rieron (por no llorar) evocando cuando desde las autoridades locales se facilitó la llegada al club de un zote absoluto, solo por ser hijo de un importante constructor y poder hacer con él un apaño de permuta de terrenos bastante fétido, en el que se vendieron a los aficionados maquetas y cantidades de próximos ingresos que nunca llegaron, ni importaban, porque dichas autoridades solo buscaban quitarse el marrón de una ampliación ilegal del viejo estadio del equipo, que ellos mismos autorizaron.

Comentaron con sorna las licencias que otros tienen, para plantarse y no jugar un partido o tirar de todo al campo de juego, sin que pase nada, mientras a ellos un trencilla con exceso de gomina y manca de honorabilidad, les hizo salir de su estadio a mitad partido porque a un imbécil le dió por acertar con una moneda en el linier (sin hacerle el más mínimo daño).

Recordaron con lástima como (no pocos) capitanes de su propio equipo, eran los primeros en filtrar a la prensa del entorno, que vendía el amor a los colores por amor al filtrador que les hacía ganar dinero. Y la rosca con la que esa prensa pagaba, priorizando ese pasteleo a la realidad o el verdadero interés del equipo.

guzmán2

Hablaron de pistolas y de Ferraris, de jugadores que se pegaban con el presidente en pleno palco vip dejándole un ojo a la funerala, de hermanísimos fichados como cracks solo por el negocio que alguno se llevaba con cierto representante. De los múltiples críos que cada año les robaban los clubes ricos, entre otras cosas con el dinero de repartos televisivos indecentes (fomentados por el propio stablishment federativo). De medidas tomadas por la liga profesional, que bajo pretextos buenistas solo pretendían la perpetuidad del Statu Quo que tanto conviene a los de siempre y tanto perjudica a los de siempre. Y también de clubes nocturnos de la noche valenciana en los que más de un jugador y de dos, disfrutaban (asiduamente) del escocés on the rocks mientras alguna niñata supra-siliconada intentaba trajinárselos al atisbar un gran negocio que su entrepierna su descaro su plástico colocado ad-hoc y los efectos del escocés le ponían tan a tiro (con el descarado “dejarse hacer” de muchos de esos divos de barro).

Reavivaron la vieja herida que les causó cierta mala tarde en Alemania y lo que tuvieron que soportar de sus compañeros madridistas en el instituto, al día siguiente. Hablaron de interventores políticos en el club, de infausto recuerdo. De grotescos personajes del entorno valencianí, que dan lecciones públicas de amor a la entidad, en actos tan narcisistas como cínicos, cuando fueron los primeros en lucrarse a la mínima que atisbaron negocio en lontananza. De patronos y más patronos cuyo nivel humano era ninguno y cuyo nivel intelectual era peor que ninguno. De ampliaciones accionariales inmorales y latrocínicas, promovidas por sátrapas y apandadores. De moros que iban a comprar el equipo y nunca llegaban, salvo para tomar café con radiopredicadores sin vergüenza. Incluso tuvieron valor de hablar de las sabandijas que durante decenios se han disfrazado de periodistas afines al equipo, mientras solo han sido lacayos del cacique que les interesaba o partícipes de una guerra de medios, con el club de pretexto, que lleva ofendiendo la inteligencia de los aficionados desde hace cerca de treinta años (porque en este club, los medios que deberían ser de este club tan sólo fingen ser del club, porque en realidad son de las personas que les convienen).

De todo eso y de mucho más hablaron, entre risas y lamentaciones, entre abrazos y reproches, Guzmán y sus amigos. Durante cuatro largas horas. Cuatro horas que se prolongaron en su cabeza hasta altas horas de la noche, ya en casa con su mujer, mientras inútilmente trataba de dormir, dando vueltas en la cama mientras la parienta le insistía “Estate quietecito de una vez, cariño. Trata de dormir ya”. Hasta que exhausto, al final, se durmió.

Aquella mañana Guzmán lo tuvo claro. Los héroes no existen. No se puede esperar ayuda externa ninguna, sino todo lo contrario. Ni siquiera de aquellos que aparentemente más agitan la bandera. El que no tiene padrinos con poder, ha de luchar el doble para conseguir la mitad. Y no solo hay que luchar contra las inclemencias del tiempo y el entorno, sino bregar con la porquería que hay de puertas para dentro, que tan fácilmente se acumula si uno no tiene cuidado. Sobre todo en este mundillo de figurantes, golfos, golfillos y golfetes.

Guzmán había llegado a su conclusión. “No puedo fiarme de nada ni de nadie. Ni poner lo que amo en manos tan sucias. Solo tengo mi corazón, mi garganta y mi bufanda. Y el Valencia contará con ellos siempre…a pesar de todo”.

2 Comments

  1. OscarATV 14/11/2014 Reply
  2. vicente 25/11/2014 Reply

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *