El Valencia CF que nos viene

nuno espirito santo

 

Hay una cosa, por encima de todas las demás, que diferencia a mi juicio la plantilla de este año respecto de la del ejercicio pasado: El presumible incremento de la competitividad que se vislumbra en esta plantilla.

Quizá, la competitividad era el atributo más importante del que carecían las plantillas de las dos últimas (y desastrosas) temporadas. De confirmarse esta presunción, estaríamos no solo ante un gran avance, sino ante el gran avance, fundamental en las aspiraciones deportivas en el corto y el medio plazo. La base del retorno a las posiciones ligueras y de primer rango europeo, en las que por derecho propio merece estar el Valencia.

A grandes rasgos, hemos asistido a la salida de jugadores poco comprometidos, malos profesionales en algunos casos, desganados o desmotivados en otros y de dudosa competitividad en general. Este año, han llegado jugadores para ser titulares o jugadores importantes y, aún asumiendo pérdidas económicas en muchos casos, se ha logrado sacar de la plantilla a mucho jugador caro, improductivo e incluso nocivo para el vestuario. Del curso pasado, los que han salvado su ficha federativa han sido aquellos que por potencial, por carácter, por rendimiento o por simple utilidad para el equipo han logrado pasar el corte. Y la línea maestra que define las llegadas, matices al margen, tiene un componente común y muy fácil de identificar: la búsqueda de un Valencia con ambición. Un Valencia que, esta vez sí, compita por lo que por genética propia debe competir.

En defensa las llegadas han sido las de jugadores con carácter, con probado historial competitivo y con juventud. La juventud propia de quienes aún van de ida en su carrera y no de vuelta. Así, el contundente y poderoso Otamendi, el austero y rocoso Orbán o el central “clásico” Mustafi, definen este cambio de identidad y esta declaración de intenciones del Valencia, en este sentido. Jugadores en edad de evolucionar pero de los que sabes que cuentan con un carácter adecuado, a los que se une algún joven con mucho que demostrar aún, como Cancelo o Vezo, que llegó a primeros de año. En la media, la juventud, la proyección y el potencial, han sido la tónica general en las llegadas. Gomes, Filipe Augusto, Zuculini, De Paul… una revolución que mantiene dos piezas importantes (Fuego y Parejo) a las que añade varios jugadores de presumible futuro. Y en la delantera, la llegada de un contrastado goleador como Negredo se suma a la de un Rodrigo en evolución hacia el máximo nivel y a nuestro Paquito Alcácer, que ya es una realidad absoluta. Esta tripleta va a dar muchas alternativas a Nuno, cosa que Pizzi no tuvo, ya que cuando se giraba al banquillo solo contaba con Españeta, la mascota y dos más (y menos mal que le trajeron a Vargas en Enero, porque pudo ser peor). Y en la portería acabamos con el eterno debate, que en nada beneficiaba, con un Alves como titular, un Joel que asume su rol y estará dispuesto cuando se le requiera y un Jaume que empezará a asomarse a la categoría que por condiciones y potencial debe alcanzar.

A esa mezcla de juventud con proyección y veteranos con rendimiento válido o más que válido, se le añade la presencia de varios canteranos con verdadero potencial. Gayá, Carles Gil, Rober Ibáñez o incluso Jaume, son chavales que darán que hablar si cuentan con minutos de calidad. Chavales que no sólo tienen capacidad en las piernas, sino el plus de ser gente de la casa, que sabe lo que es y representa el escudo. Chicos subidos al primer equipo, porque deportivamente pueden y porque mentalmente lo quieren.

Incluso Nuno, que apareció como un actor de reparto muy secundario y con la “L” a la espalda, está dejando muestras de que viste a sus equipos desde el trabajo, el oficio y el rigor táctico. Y este tipo de entrenadores, aún cuando tengan manías y preferencias extrañas, como todos los entrenadores, es el que contribuye a dotar de espíritu de grupo al equipo. Entrenadores de hechos, más que de palabras. Entrenadores de pizarra y psicología de esfuerzo, más que de discursitos y preciosismo futbolero de boquilla. Su discurso tranquilizador, su cercanía con el jugador y su búsqueda de un equipo compacto por encima de otras cosas, cuanto menos prometen un Valencia serio y trabajado.

A pesar de todo ello, la perfección nunca existe. Uno alberga dudas en diferentes cuestiones. Creo que el lateral derecho es débil, creo que a este equipo le falta la figura de un mediocentro veterano con carácter, con garra, con ascendencia ante los compañeros y con liderazgo moral y deportivo, que pueda equilibrar al grupo. Creo que, aunque hemos ganado verticalidad con respecto de la plantilla del curso anterior, hubiera hecho falta algo más de velocidad, desborde y llegada desde los extremos o mediapuntas caídos a banda, de la que actualmente tenemos. Incluso me atrevo a decir que no acabo de ver la combinación en el campo de Parejo con Gomes, la cual me genera muchas dudas en cuanto a la velocidad y verticalidad del juego así como la recuperación de posición y la ejecución de ayudas y coberturas defensivas tras pérdidas de balón. Por ejemplo y entre otras incógnitas que el tiempo irá dervelando.

Como es lógico por las fechas en que estamos, no acabo de atisbar cómo cuadrará el mediocentro Nuno, con tanto jugador joven, ni cómo definirá los roles en la delantera, con tanta competencia en el puesto, ni cómo gestionará el asunto de los laterales o del reparto de minutos a quienes deberían contar con confianza para poder seguir creciendo. Tengo muy claro que los equipos no se fraguan en 15 días, que los jóvenes no maduran en un mes y que los automatismos se asientan a base de repetirlos una y mil veces. No sé qué jugadores pueden no cuajar, aún presumiéndoles grandes aptitudes y actitudes. Incluso me genera serias dudas el hecho de que gran parte del 11 presumiblemente titular sean jugadores cedidos con un futuro blanquinegro todavía incierto.

 

valencia cf

 

El futuro siempre es un eterno desconocido.

Lo que sí tengo claro, es que este año, encaramos ese futuro con juventud, con mucha gente con potencial, con un perfil de jugador más agresivo y ambicioso que en temporadas anteriores y con una mayor competencia por cada puesto. Esa mezcla de competencia, carácter y juventud en evolución, tiene visos de poder elevar el listón de la competitividad del equipo.

Siempre hay dudas y siempre surgirán decepciones y piedras en el camino. Siempre. Pero si algo se palpa este año entre el aficionado blanquinegro, si algo se siente en las gradas de Mestalla o si algo se escucha en las tertulias de los bares, es ilusión. La ilusión que genera un equipo que, incógnitas y mucho trabajo por delante al margen, tiene visos de poder ser un equipo fuerte, ambicioso y sobre todo, competitivo. La afición quiere dejar atrás ese equipo que recibe 5 goles de la Real Sociedad (por ejemplo) en Mestalla, mientras el capitán pone los brazos en jarra, dobla la rodilla, levanta silenciosamente la cabeza y solo ve a compañeros cabizbajos mientras mira el reloj en espera de que la sangría acabe para poder irse a casa, no sin antes hacer un numerito ante los aficionados de falsa contrición y aún más falsas promesas de futuro. La afición lo que quiere es ver a su equipo pelear cada balón, defender su portería con agresividad, intentar la victoria hasta el final y ambicionar siempre un gol más. Y como digo, todo está por ver, pero este año muy probablemente el gran avance vaya en este sentido. El olvido de un equipo débil y sin alma y la constatación de un equipo con ganas, con ambición y que gane o muera en la orilla, pero que lo haga con el yelmo puesto.

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