El todo siempre es la suma de las partes

waterloo

La gran derrota de Napoleón, como es conocido, fue la de Waterloo. El bando anglo-prusiano acabó con el mito francés.
Los chauvinistas ingleses lo achacan a la táctica bélica de Wellington y el coraje de aquellos que portaban charreteras made in london, los franceses a errores tácticos de Bonaparte. El hecho cierto es que fue una suma de múltiples factores la que llevó a la derrota francesa. Algunos de esos factores que se juntaron para dar ese resultado son, entre otros muchos, los siguientes:

El día de antes llovió mucho sobre el campo de batalla. Lo que iba a ser pradera a orillas del Sain Jean y Quatre Bras, se convirtió en un lodazal. Esto perjudicó mucho a los franceses, que contaban con una artillería muy superior a la inglesa, con más bocas de fuego y más potencial destructor. Al llover y enfangarse el firme, Napoleón no pudo hacer avanzar su artillería pesada y lo poco que pudo usarla no fue capaz de sacarle partido ya que al llover y enfangarse el suelo las balas de cañón generaban géiseres de fango que mitigaban los daños al impedir que la metralla causara los destrozos previstos.

– Napoleón, quizá por un exceso de confianza o de soberbia, falló en algo en lo que era el mejor: estudiar el terreno. No se dió cuenta que en el Mont Saint Jean había un pronunciado desfiladero (que Wellington sí vió). Al lanzar los franceses a sus cosacos, los ingleses les emboscaron en ese punto y produjeron un número de bajas inesperadamente alto en la caballería gala. Así, una peculiaridad del terreno, supuso un gran número de bajas para unos y la consecución de una gran ventaja para otros.

– Cuando la batalla perdía fuelle y las bajas se contaban por decenas de miles, ambos bandos esperaban refuerzos. El que llegó fue Blücher para los prusianos. Y llegó por una casualidad y una “pequeñez” tan sencilla como el hecho de que un pastorcillo local con el que se encontraron por el camino, les guió por un atajo a través del bosque, que les hizo llegar mucho antes al campo de batalla. Así, un simple pastor, pudo ser responsable en buena medida del resultado de una batalla tan importante.

Los ingleses hablan de Wellington atribuyéndole demasiada gloria y responsabilidad en el resultado de la batalla, los franceses por su parte lo achacan a mal hacer del hasta ese momento gran estratega bélico de la época, atribuyéndole demasiada responsabilidad en el fracaso. El hecho cierto es que fue la unión de muchas cosas, que parecían nimias o poco trascendentes, las que quizá decidieron la batalla. Poco a poco, una tras otra, condujeron el envite al final sabido.

La historia únicamente recuerda un resultado. Pero todo resultado, lo es por la suma de todos los elementos intervinentes en el proceso.

En Coruña nos pasó algo parecido.

depor valencia

Creo que Nuno se equivocó al querer jugar a lo mismo de siempre, sin Gomes y con un reemplazo de un corte y una ascendencia deportiva diferente. A toro pasado uno piensa que debió tirar de doble pivote y un Gil enganchando, por ejemplo, mucho más que pretender forzar a Filipe que ni está en dinámica ni aporta lo mismo que Gomes o esperar de Parejo un rendimiento que hace mucho que no da. Pero a toro pasado, todo es demasiado fácil.
Creo que los jugadores entraron al partido fríos y sabiéndose superiores, lo que les llevó a jugar con poca intensidad y ambición, ya desde el pitido inicial. Ello unido a un planteamiento que no salía y a un rival que salió mucho más metido y ambicioso, nos hizo ir a rebufo desde los primeros compases.
Creo que la “sorpresa” que fue para muchos de nuestros jugadores el hecho de que el Depor no nos dejara jugar y encima nos creara peligro, hizo que se embotellaran de mente los nuestros.
Creo que la baja de Alves también contribuyó a generar algo de desconfianza. Sobre todo cuando Joel, debutante, no transmitiera demasiada seguridad.
Creo que el recibir el primer gol en propia meta, tampoco ayudó a generar confianza.
Creo que el horrible partido de Parejo y el “esconderse” de Fuego en muchos momentos (obvio comentar sobre la salida iniciaría de balón a pies de Otamendi, la cual fue desastrosa y la cual considero en parte, por deméritos de los compañeros y de las órdenes del banquillo), unido a un planteamiento equivocado y que dependía mucho del buen hacer de ambos con balón, contribuyó a que no jugáramos como se pretendía.
Etc.

Al final, la suma de todos esos factores (propios y externos) y de lo que provocaban en nuestras mentes y en las de nuestros rivales, poco a poco y uno tras otro, pesaron y de qué manera. Y fueron decisorios. Desde el bar o el sofá de casa, no se aprecia la importancia de todas esas pequeñas cuestiones, pero en el campo, van pesando. Quieres y no puedes, nada te sale, no juegas como esperabas ni eres capaz de retomar esa senda, el rival por contra va más y mejor que tú, con más confianza, con seguridad. Quienes deberían marcarte diferencias, no te las marcan; quienes deberían alzar la voz y levantar el ánimo de un equipo hundido en lo deportivo, no lo hacen. Errores propios y aciertos del rival te van matando. La inseguridad se va apoderando, entre las bajas y el contexto al que se deriva el partido. Entre los esquemas forzados y los jugadores que no dan su mejor nivel. Y al final de los 90 minutos, donde todos esperábamos una victoria con brillo, obtuvimos un sonrojante fracaso con una actitud y una inseguridad en el juego alarmantes.

A veces, todo se junta y ganas. Otras veces, todo se junta y haces un gran desastre. Le pasó a Napoléon en Bélgica hace 200 años y nos pasó a nosotros en Coruña el otro día. Sólo queda esperar que anteayer nos tocara un Waterloo, en parte por fallos propios y en parte por aciertos del rival, pero que sea algo pasajero. Yo lo espero y así lo creo. Ni Nuno ni el carácter global de esta plantilla me parecen de dejarse llevar ni de salir tan tranquilos de desastres mayúsculos como este. Y como dice un compañero en su columna, la única solución a un día funesto por mil motivos, es la necesidad de que llegue el próximo envite cuanto antes y el equipo pueda demostrar que lo de Coruña no fue un síntoma de enfermedad sino los efectos de la mirada de un tuerto.

3 Comments

  1. Kazz0 21/10/2014 Reply
  2. vicente galan 21/10/2014 Reply
  3. La prórroga de Miros Miros 22/10/2014 Reply

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