El sordo enemigo de la actitud

actitud

El balón empieza a rodar y el espectador se impacienta en su sofá. La misma historia de siempre, el equipo ha empezado despistado, como salido de la siesta. La actitud no parece la correcta. La compostura brilla por su ausencia. Los jugadores están… pero no están.

¡Venga! ¡Corred! ¡Es lo único que deberíais saber hacer bien siempre!

Para el espectador y para el futbolista el inicio de un partido es un momento muy duro. El cuerpo se resiste a entrar, las expectativas están ahí, pero la metodología para cumplirlas parece de golpe insondable. Y el espectador se impacienta. Acelera su masticar, rompe las cáscaras con furia, sufre. Es entonces cuando se nos presenta la misma idea, a todos.

Macho, menuda mierda de actitud os gastáis hoy.

Y el futbolista que acaba de fallar un pase fácil, para sus adentros se lamenta con un “Ni un puñetero apoyo me han dado, más sólo que la una. Vendido me tienen”.

Pero, ¿Y si se nos ocurriese observar este fenómeno asesinando al peor concepto futbolístico conocido? ¿Y si nos cargásemos a la pesada de la actitud? Por supuesto, la actitud es fundamental en el deporte y no seré yo quien niegue su importancia. ¿Pero es la actitud relevante en el análisis? Como ocurre con el talento, la respuesta es no. Así que volvamos al principio.

El balón empieza a rodar y una semana de entrenos se topa con su primer match point. Un mal nivel de activación hará chirriar y gemir los cuerpos de nuestros protagonistas. Y sus cerebros irán a la par. Una carga física excesiva implicará lentitud y pesadez. Un sólo mensaje mal transmitido, cinco minutos antes de salir del túnel de vestuarios a un único jugador puede desencadenar el caos en el verde. Y nadie lo percibe, nadie lo corrige, porque casi todos los inicios de partido son de naturaleza engañosa. Casi siempre el futbolista sufre. Cuando no ocurre, el partido está ganado.

A los pocos minutos, empieza a quedar claro que algo no va bien. Pero el míster se resiste a dar órdenes. Sabe que se la juega, que pierde credibilidad ante los suyos si no parece controlar la situación. Teme aparentar nerviosismo, teme generar desconfianza. Así que evita entregar terreno al rival y cerrarse. Prefiere dejar que sus chicos encuentren por si solos las referencias, que se aferren poco a poco a las distancias del éxito táctico, que son caprichosas y cambiantes… Entonces, en el estadio se escucha un “click”. Un simple chasquido sutil en el silencio de la indecisión, que crece hasta volverse ensordecedor y acaba reventando media docena de tímpanos: el rival ha encontrado su sitio. Es algo muy sutil pero muy violento a la vez. Ellos han encontrado su sitio, han hecho flotar la tela de araña y tú estás a su merced. Y poco importa entonces tu planteamiento inicial, porque todo dependerá de la capacidad de improvisación del equipo.

Sí, sí, pero yo lo que veo es una falta de actitud brutal, y diría más…

Cállate, pesado.

El caso es, que eso es lo que ha podido ocurrir al Valencia de Nuno esta tarde en Riazor. A veces el culpable es el chasquido, no la pizarra. O quizá sea cuestión de actitud, quién sabe. Personalmente, prefiero pensar en fútbol. ¿Qué dirimirá sobre quién lleva la razón? ¿No lo sabéis aún? Os adelanto que será un chasquido, a eso de las 8, en un campo que conocemos bien.

6 Comments

  1. Kazz0 20/10/2014 Reply
  2. Postmoe 20/10/2014 Reply
  3. Carlos Villar Carlos Villar 20/10/2014 Reply
  4. Kazz0 20/10/2014 Reply
  5. Postmoe 20/10/2014 Reply
  6. Jokin4 20/10/2014 Reply

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