El Nunismo está “embastat”

 

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78 días han pasado desde que el Valencia anunciara el fichaje de Nuno como nuevo entrenador del primer equipo. En dos meses y medio una persona difícilmente cambia tanto, en lo anímico y en lo personal, como el Valencia ha cambiado con la llegada de Nuno. O por lo pronto, a mí así me lo parece. Apenas ha llovido desde que el Valencia decidiera abandonar la línea deportiva de temporadas anteriores, esa mediante la cual el mister que iniciaba el curso era un ex-valencianista novato de los banquillos con exceso de palabrería e idea futbolística con elevadas dosis de tribunerismo y brillantina, para comenzar una nueva línea en la que el míster era y es igualmente novato, pero sin duda con un perfil mucho más austero, tanto de palabra como de planteamiento deportivo. Ese cambio, que se notó entonces, se ha notado multiplicado por tres en el césped.

Nuno podrá generar ciertas dudas, por aquello de ser “un hombre de Mendes” o poder estar supeditado a la compra de acciones de Lim (o dar esa sensación). O incluso por tener todavía el aroma a nuevo, que siempre genera cierta duda. Yo mismo participo en parte de ellas. Pero lo que es innegable, lo que ningún aficionado puede discutir y lo que se palpa en cada entrenamiento, en cada rueda de prensa, en cada alineación y en cada minuto de cada partido de este Valencia, es que la mano de Nuno se nota y no poco en el estilo de este equipo.

De entrada, el Valencia de Djukic, y en menor medida el de Pellegrino, se nos anunciaron como un Valencia “protagonista”, un equipo “que dominase el juego” y de “marcado estilo ofensivo”. Quizás no nos dijeron que sería ofensivo pero para el sentido común y para todo lo que suponga un equipo competitivo de verdad (y no sólo de palabra). Nuno no solo huyó de esa promesa de “jogo bonito” y de “excelencia deportiva rayana en delicatessen” ya desde su presentación, sino que anunció un Valencia “de trabajo” y un valencia “táctico y comprometido”, que a buena fe que cada día que pasa se va viendo un poquito más y un poquito mejor sobre el verde. Lo vimos anteayer contra el Getafe, sin ir más lejos. Como este Valencia sabe entregar el balón a un equipo que sin espacios para correr es mucho menos incisivo, como sabe dominar la situación achicando atrás, como sabe contemporizar el juego y como sabe esperar para buscar robos (tras altos pressings) que vayan seguidos de planificados desmarques de ruptura transicionales. Y lo vemos cada día, cuando el Valencia plantea ajustes tácticos más vistosos o arriesgados, como por ejemplo el descarado 3-4-3 que solemos ver mucho en origen primario, mientras que a la vez el equipo ni se vuelve loco subiendo laterales porque sí (como ocurría con Djukic), ni desestructura sus líneas ampliando el equilibrio posicional de los 11 para hacer pressings tan vistosos como estúpidos en altas latitudes (como ocurría con Pizzi), ni pretende abusar del toque y la posesión para acabar sufriendo contragolpes por robos del rival ante nuestros lentos mediocentros y nuestro juego horizontalista y parsimoniosamente crónico. Por ejemplo.

El Valencia de Nuno, que ya se atisba, es un equipo que parte de planteamientos austeros. Casi espartanos, por momentos. Líneas más juntas, concentración defensiva, buena presión.
Pragmatismo táctico, rigor posicional, ideas sencillas, equilibrio en pocos metros, claridad de vías para ejecutar transiciones, capacidad para adelantar o retrasar latitudes y zonas de actuación, aprovechamiento de bandas sin obligar a abusar de excesivas coberturas, etc. Un Valencia que no huye de generaciones de ventajas ofensivas que implican riesgo, como desdobles de laterales, salidas de pressing alto abriendo alas defensivas y descolgando jugadores por el centro o incluso momentos de presión elevada con marcado adelantamiento de pressing global, incluyendo en ocasiones hasta una debilidad personal como es el achique lateral alto. Pero siempre mantiene la esencia de los equipos que cuidan su equilibrio, que no se vuelven locos en demostraciones de juego alocadamente ofensivo, que saben dominar con balón sin caer en la parsimonia de quien toca y toca sin desmarque de piezas y a la vez también saben renunciar deliberadamente a esa posesión para esperar su oportunidad y hacerle al rival lo que él quisiera hacerte a ti. En definitiva, el Nunismo incipiente nos va dejando ya un aroma a equipo que se viste por los pies, que sin duda nos va conquistando más que el regusto que nos queda a todos de anteriores Valencias, que pretenciosamente querían vestirse por la cabeza para lucir palmito desde el minuto uno, sin comprender que la esencia del deporte es la competitividad como base para la consecución de la excelencia al aditar el plus de calidad a dicha base de competitividad…y no al revés. Nunca al revés.
Además todos estamos viendo como Nuno cuenta con Gayá, con Vezo o con Alcácer (por ejemplo) lo que Djukic o Pellegrino no contaron con los jovenes. Porque Nuno, no solo parte de la pizarra y el carácter para vestir a su equipo, sino que tiene aroma a entrenador de la casa. A míster que da chance a los chavales porque verdaderamente confía en ellos. Porque señores (y señoras), no todos los entrenadores llegarían a un club de pedigree como el Valencia, en una oportunidad única para ellos, para sentar a un mundialista que ha costado casi 9 millones a la entidad y poner en su lugar a un jovencito que llegó 6 meses antes por algo más de un millón y que apenas contó para su predecesor.

 

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Hay cosas por pulir. Hay momentos de desconexión, que hay que controlar. Incluso hay alguna duda deportiva por clarificar. Pero desde luego, en estos 78 días el Valencia es otro. Muchos lo achacarán a la llegada de algunos buenos jugadores como Rodrigo, Otamendi o Andre Gomes…pero yo lo achaco, incluso por delante de ello, a la mano invisible de quien destila el aroma del buen entrenador. De quien ve el fútbol como un acto de competición extrema en el que cada minuto de cada partido cuenta y en el que se gana cuando eres mejor con y sin balón que tu rival. De quien hace sencillo lo que otros hicieron complicado, porque su objetivo es la seguridad atrás, el no perder balones por deméritos propios y el no complicarse demasiado para encontrar los caminos que conducen a las ocasiones…aunque haya que renunciar a porcentajes de posesión (infructuosa) o uno tenga que hacer un futbol menos vistoso y más de manual.

Salvo el partido del Pizjuán, los rivales hasta el momento han sido equipos de la mitad baja de la tabla. Es cierto. Pero no es menos cierto que las sensaciones están. No es menos cierto que con estos equipos, en temporadas anteriores perdimos muchísimos puntos, que sin duda contribuyeron a que no lográramos los objetivos deportivos. No es menos cierto que ante estos equipos, después del primer gol buscamos el segundo (o no renunciamos a él), cuando en temporadas anteriores nos dedicábamos a tocar y tocar y enlentecer y enlentecer hasta el aburrimiento y en muchas ocasiones hasta facilitar la remontada del rival por omisión de voluntad y desidias colectivas. No es menos cierto, que el año pasado, por ejemplo, nunca sacamos 13 puntos de 15 ante rivales mayoritariamente inferiores. Y encima, con solvencia. Y esto es lo que podemos lograr este año, nada más empezar, si ganamos al Córdoba mañana. Y un equipo que empieza la liga sacando 13 de 15 posibles, es un equipo que a poco que mantenga niveles de ambición y competitividad y se haga fuerte en casa, ya va en volandas y pasa a ser un firme candidato a los objetivos más ambiciosos. Y señores, esto es una enorme diferencia entre el nuevo Nunismo y el reciente pasado.

El amor se demuestra amando. Desinteresadamente. El trabajo, el esfuerzo, la competitividad y la ambición, o lo que es lo mismo, la base de todo equipo ganador, se demuestran en los pequeños gestos, en las decisiones tomadas en silencio, en el paso del día a día sin que se afloje el pistón ni se reduzcan las revoluciones del motor. Y yo ahora, oigo mucha menos grandilocuencia verbal y veo mucho más de lo que nos va a hacer (y nos está haciendo) un equipo mejor, a saber, voluntad competitiva de la de verdad y trabajo serio detrás. Voluntad de la silenciosa. De la que todo el mundo ve, aunque no la publicites con otra cosa que no sean pequeños gestos y actos del día a día.

En definitiva, esto no ha hecho más que comenzar y la vida da muchas vueltas, por no decir que el deporte es siempre una carrera a muy largo recorrido, pero este Valencia transmite cosas que antes no se transmitían. Y quizá sea el único, aunque lo dudo, pero yo tengo tanta expectación como ilusión por comprobar lo que nos espera en el futuro próximo.

El Nunismo, después de 78 días, está “embastat”… y esta vez, parece que no va de farol. Quizá los cambios los haga un poco tarde, quizá le falte una chispa de agilidad a la hora de variar una idea o quizá habrá momentos en que se equivoque en una decisión concreta…pero yo, creo en Nuno. Yo creo en el Nunismo.

3 Comments

  1. Carlos Villar Carlos Villar 25/09/2014 Reply
  2. Steven López Steven López 25/09/2014 Reply
  3. Oscar 30/09/2014 Reply

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