De 007 a profesor ‘Q’

profesor q

El hombre promedio es un animal de manada, pero 007 es un lobo solitario. Misión cumplida, amor enterrado. No necesita más que un Martini –agitado, no mezclado- y su sombra para exhibirse en un evento social. El secreto radica en la actitud: haciendo caso omiso a las bombas que estallan a su alrededor. Siempre listo para desplumar al villano que se entrometa en su camino, pero sin perder nunca el encanto y la exquisitez de maneras. Rodeado de las más exuberantes bellezas, siendo Ursula Andress saliendo del mar, la primera del elenco de chicas de Bond. Siempre joven y en plenitud física, pero lo suficientemente mayor para tener experiencia. Y qué decir de los coches. Donde el mítico Aston Martin, que siempre será el coche de Bond por excelencia, se ajusta como un guante al carácter del agente con licencia para matar.

Del estrellato a las mazmorras. De ser titular indiscutible en los onces del santotomense a sentarse en el banquillo junto al sempiterno Españeta. El central portugués ha pasado de ser el guapo de la película al pardillo de turno que siempre acaba muriendo de la forma más ridícula posible. Podrá seguir vistiendo con terno de Armani y frente al espejo se verá un ganador, pero si aparece Mustafi a su lado, lucirá como el camotillo de Tulio Loza. De agente secreto a profesor de laboratorio. Rubén Vezo ya no acapara las portadas, ahora le toca trabajar en la sombra. Y por el momento sin obtener los frutos, porque igual que en las películas de 007, es el profesor Q el que diseña las armas de última tecnología para que sea Bond el que las use. Ya no goza de ningún reconocimiento mediático ni duerme con la Eva Green de turno. De titular frente al Sevilla, Málaga y Getafe a no contar con un solo minuto en los partidos siguientes. Ya no conduce coches caros ni aparece su nombre en las alineaciones titulares del Valencia.

Lo sorprendente del caso es que Rubén Vezo no cometió ningún error de bulto para haber sido “castigado” de tal modo. En los tres partidos que jugó cumplió notablemente y el equipo no perdió ningún encuentro. Además, ha tenido que medirse a auténticos depredadores del área y ni mucho menos se mostró atribulado. Nunca un pase o una floritura de más a la hora de cortar el balón. Sabe perfectamente el cometido de su misión, y en los partidos en los que Nuno aún no podía disponer de Mustafi, el portugués presentó sus credenciales de un modo muy convincente. Ciertamente pensé que su suplencia en el partido frente al Córdoba iba encaminada a darle descanso de cara al importante partido de Anoeta. Pero no, llegó Mustafi y Nuno se olvidó de Vezo. Aunque más extraño me resulta que a tan poca gente le haya sorprendido el exilio de Rubén. Imagino que en el partido copero frente al Rayo Vallecano volverá a tener minutos, pero Nuno deberá tener preparado algún plan estajanovista para evitar que la falta de oportunidades haya hecho mella en el estado anímico de su compatriota.

Nuno, como si de “M” se tratara en las películas de James Bond, ha decido arrebatarle la licencia a Vezo para arrogársela a Mustafi. Entiendo que el alemán sea un fichaje de renombre, que se haya presentado con la copa del mundo bajo el brazo y habiendo realizado una excelente campaña el curso anterior en la Sampdoria del eximio Mihajlovic. Pero por lo visto, Mustafi entró en el once por nombre, no por mérito. Y todo sea dicho, en el partido frente al Deportivo se mostró lábil y nervioso. Para colmo, el segundo gol de los gallegos viene precedido de un fallo suyo. No obstante, la pareja Otamendi-Mustafi parece condenada a entenderse y para Nuno no hay debate posible. Una pareja que personifica la raíz del cambio, del solicitado punto y final a la era de Ricardo Costa-Víctor Ruiz.

Vezo deberá seguir esforzándose para tratar de volver a ser el agente 007 de Nuno. Las condiciones las tiene y el futuro es suyo. Conoce bien el oficio de central, tiene carácter competitivo, es exigente consigo mismo y es regular aunque no brille. Todavía debe perfeccionar su toma de decisiones y ganar algo de masa muscular, no olvidemos que estamos hablando de un joven de 20 años. Un diamante en bruto, una joya a la que hay que seguir puliendo las máculas que le restan, pero con un futuro igual o mejor que el del central alemán de ascendencia albanesa.

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